La enfermedad de Alzheimer es una forma de demencia senil que conlleva un deterioro global de todos los aspectos del funcionamiento mental, incluyendo memoria, intelecto general, atributos emocionales y aspectos distintivos de la personalidad.
El deterioro de la memoria, del lenguaje y de la comprensión son síntomas cognitivos, pero lo que más problemas acarrean para la familia o los cuidadores son los trastornos de conducta (del comportamiento) y los síntomas psicológicos.
Los principales síntomas psicológicos de la enfermedad de Alzheimer son la depresión, la ansiedad, las alucinaciones, los delirios y los falsos reconocimientos (la persona enferma no reconoce ya a sus familiares o los confunde con otros).
Dentro de los síntomas conductuales se incluye la apatía, el deambular sin rumbo, la agitación, las alteraciones del sueño, la conducta sexual inadecuada y la conducta alimentaria inadecuada. Una vez hecho el diagnóstico, el psiquiatra, al igual que sucede en otras enfermedades mentales, es el profesional mas capacitado para el diagnóstico, control, y tratamiento de estos síntomas problemáticos. Se necesitará una medicación más especializada que puede provocar unos efectos secundarios que son peor tolerados en la gente mayor.
Si el psiquiatra tiene un interés especial en psicogeriatría (estudio de las enfermedades mentales en la tercera edad) y tiene experiencia y formación en este campo, pues mucho mejor. No hay que olvidarse de los tratamientos no farmacológicos, que también son muy útiles en estos casos.
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