El apoyo y la compañía social puede ayudar a minimizar algunos de los peores daños físicos que provoca un ataque al corazón, de acuerdo con investigaciones recientes, cuyos resultados indican que quienes viven acompañados después de un infarto sufren menos consecuencias que quienes viven solos.
Una de las principales conclusiones de la investigación (hecha con ratones) publicada esta semana en la Proceedings of the National Academy of Sciences, es que la interacción social ayuda a proteger contra algunos de los efectos negativos de un ataque al corazón, sobre todo, en lo que se relaciona con tener un control más normal de la variabilidad del ritmo cardíaco.
Esta conclusión es importante porque, en los seres humanos, la variabilidad del ritmo cardíaco después de un ataque al corazón está fuertemente relacionada con la supervivencia, explica Courtney DeVries, uno de los autores de la experiencia.
"Si se confirman estos resultados, podríamos decir que el aislamiento social puede tener un impacto negativo en la supervivencia de las víctimas de ataque cardiaco", asegura.
En casi todas las medidas, los ratones que vivían con un compañero mostraron menos daños después del ataque cardiaco que aquellas que vivían solas.
Además, los ratones que vivían solos mostraron tener más de dos veces muerte neuronal en el área del hipocampo de su cerebro, que los roedores que vivían con un compañero.
"Algo tan simple como vivir con otro ratón puede reducir a la mitad de la cantidad de muerte celular en el cerebro como consecuencia de un paro cardíaco".
En una prueba, los ratones mostraron síntomas de ser menos depresivos que los ratones que vivían solos: los animales que tenían un compañero pasaban más tiempo nadando cuando se los colocaba en agua, mientras que los ratones aislados socialmente pasaban mucho más tiempo flotando y sin moverse, algo que los investigadores consideran como un síntoma depresivo.
Todos los ratones que tuvieron un paro cardíaco mostraron más evidencia de actividad pro-inflamatoria, pero el efecto fue mayor en los ratones socialmente aislados.
"Creemos que esta inflamación podría estar relacionada con muchos de los problemas que las víctimas tienen después de un ataque al corazón, incluidas las psicológicas, como la depresión", explica de Vries.
Además, tres días después de sufrido el ataque al corazón, los ratones aislados socialmente tenían niveles significativamente más altos de corticosterona, hormona del estrés en ratones. Este patrón se mantuvo siete días después del infarto.
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